La Teoría Feminista: Primera y Segunda Ola

“Para justificarnos necesitamos de una genealogía; y a las mujeres nunca se les ponderará demasiado esta necesidad (…) ya que siempre parece que empezamos desde cero.”

Celia Amorós, en esta cita extraída de la Conferencia de la Teoría Feminista de 2011, expone acertadamente la necesidad de una cronología, el recorrido histórico que justifica el Feminismo como disciplina formal consolidada y que permite hacer retrospectiva.

El Feminismo no es una moda: se remonta al siglo XIV.

El Feminismo, contrariamente a lo que algunos califican de “moda”, es una corriente crítica de pensamiento social y político que se remonta al siglo XIV, y, aunque lo datemos en dicho periodo por los primeros escritos en los que se defiende el honor de las mujeres, probablemente comenzara mucho antes, desde la primera mujer que, en un ejercicio de abstracción, reflexionara acerca de su propia existencia y de su razón de ser en la sociedad. Les debemos a nuestras antecesoras su lucha por un mundo más justo, menos distorsionado y más libre.

En 1405 se escribe la primera obra que se opone a la idea de la mujer inferior al hombre

En el siglo XIII, Jean de Meung continúa con el poema de Guillaume de Lorris, Roman de la Rose que, un siglo después, provoca el primer debate público acerca de lo femenino, de la mano de Christine de Pisan en 1401. En su obra, Jean de Meung habla en referente a las mujeres con las siguientes palabras: todas ustedes son, fueron o serán putas por acción o por intención”. Christine de Pisan, primera mujer dedicada profesionalmente a la escritura, publica en 1405 “La ciudad de las Damas”, una obra en la que reflexiona acerca de la naturaleza y conducta de la mujer, oponiéndose a la idea defendida por los varones de su época y por la Iglesia de que la mujer es un ser inferior al hombre y sin inteligencia. En 1673, con su obra “La igualdad de los sexos”, Poullain de Barre se une a la lista de los primeros pensadores feministas, ya que en nuestra historia también destacan figuras masculinas comprometidos con la causa feminista, como también lo fue John Stuart Mill.  ¿Qué excusa sostienen los hombres contemporáneos para no comprender ni apoyar el Feminismo, cuando en el contexto histórico del siglo XVII encontramos varones que se unían a nosotras estando la cultura patriarcal y las barreras sociales establecidas más férreamente en la sociedad?. En su obra, Poullain de Barre, defiende la igualdad natural por encima de las costumbres y prejuicios y hace hincapié en la importancia de la educación. Sus ideas, en mi opinión, muy avanzadas para su época, revelan un punto en el que se continuará profundizando siglos después y del que podría considerarse pionero, y es la idea de las costumbres y la cultura como origen de las desigualdades entre hombres y mujeres.

Tras la Revolución Francesa, las mujeres no solo fueron excluidas, sino que sus derechos disminuyeron

En la Ilustración y con la llegada de la Revolución Francesa, se produce un cambio en el pensamiento de la sociedad y se horizontalizaron los conceptos desde la universalidad, como son el sujeto y la ciudadanía. Las mujeres luchan junto los hombres en una revolución que reclama un nuevo equilibrio de poder para acabar con la aristocracia y devolver el poder al pueblo. Son ellas las que inician la Marcha sobre Versalles en París y las que llevan sus quejas a Luis XVI, pero a pesar de su innegable participación y de su éxito en las movilizaciones sociales, cuando se consigue la victoria, las dejan fuera del nuevo proyecto político. Este desenlace no es un hecho aislado, ya que en otros movimientos sociales en los que las mujeres han sido fundamentales para el éxito, a la hora de la verdad y cuando el poder ha sido de nuevo establecido, las mujeres son excluidas, se les da una palmada en la espalda por los servicios y es de nuevo pisoteada. Ejemplos son las mujeres que participaron activamente en las campañas electorales de Inglaterra recogiendo firmas cuando aún ellas no podían votar, las mujeres que levantaron el país tras la Primera y Segunda Guerra Mundial cuando los varones que fueron a luchar no volvieron a casa, las guerrilleras de la Revolución Mexicana y Rusa y el papel de la mujer en la Guerra Civil Española. Tras la Revolución Francesa, las mujeres no sólo fueron excluidas, si no que sus derechos disminuyeron y a las que alzaban la voz se les imponía un castigo: el exilio o la muerte. Los clubs de mujeres donde discutían sobre la revolución fueron cerrados y la misma guillotina que acabó con la tiranía de la nobleza fue usada para decapitar a las mujeres que reclamaban los mismos derechos que los hombres, como es el caso de Olympe de Gouges, asesinada en 1793 tras escribir dos años antes la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, tomando como ejemplo la declaración aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa en las que sólo se incluía en el concepto de sujeto de derechos o ciudadano al hombre. En el proceso de abstracción en el que se argumenta que el noble y el plebeyo son construcciones sociales y su distinción es, por tanto, artificial, se niega la misma argumentación a la distinción social de mujer y hombre, declarando que el origen de dicha diferencia radica en la naturaleza. Si comparamos esta argumentación con la que se articuló en la época de Christine de Pisan y Poullain de Barre, podemos observar cómo se sustituye al origen de la inferioridad de la mujer en la voluntad divina por su origen en la naturaleza. Por mucho que cambie el equilibrio de poder y por muchas revoluciones sociales, la situación de la mujer pasa a segundo plano, la sociedad es la organización social del hombre y la mujer no se le permite formar parte de ella. Aunque el feminismo ha conseguido grandes avances políticos y sociales, la mujer sigue sin ser una individua de la sociedad, y la prueba está en que se sigue decidiendo sobre su sino de forma unilateral y siempre en beneficio de la reproducción del sistema patriarcal, como ejemplos actuales son el debate acerca del aborto, la maternidad subrogada y la doble carga laboral que aún perdura.

Con Mary Wollstonecraft se crea el concepto de vindicación, definido en su obra “Vindicación de los derechos de la mujer” de 1792. Es esta etapa la que Celia Amorós define como “el cliclo del hambre”, en el que la mujer ansía pertenecer a lo genéricamente humano. No será hasta la tercera ola del feminismo, de los años 60, cuando la mujer en el “ciclo olfativo” critique el androcentrismo, reclamando la redefinición de lo genéricamente humano, pero no nos adelantemos.

El movimiento sufragista se enmarca dentro de la Segunda Ola

En el siglo XIX el feminismo lucha por el sufragio universal y el fin de las restricciones políticas y económicas, ya que en aquella época una mujer no podía votar, presentarse a las elecciones, ocupar cargos públicos, asistir a reuniones políticas o afiliarse a una organización, además de la prohibición de tener propiedades, negocios propios o cuentas corrientes; en definitiva, conseguir la emancipación de la mujer. Identifico el sufragismo como la Segunda Ola del Feminismo, ya que considerarlo la Primera Ola sería irresponsable, inexacto y poco respetuoso con las autoras ilustradas, debido a que, aunque estaban lejos de considerarse feministas y no habiéndose conceptualizado ni formulado la teoría aún como tal, fueron las antecesoras del movimiento que, como bien señala Amelia Valcárcel, nacería como el “hijo no deseado de la Ilustración”. Figuras destacables de este movimiento son Cady Stanton y Lucretia Mott, líderes de la Convención de Seneca Falls (Nueva York) en la que se exige la ciudadanía y la modificación de las normas morales y costumbristas. En Gran Bretaña, cabe destacar a Harriet Taylor y John Stuart Mill, por su lucha por el sufragio femenino y la creación, tras la muerte de Taylor, de la Sociedad Nacional Pro Sufragio de la Mujer en 1867. No fue hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, en el siglo XX, cuando se consigue el sufragio femenino en Gran Bretaña, seguida por Estados Unidos donde en 1917 se nombra a la primera mujer congresista en Montana; aunque el verdadero sufragio universal estadounidense no se consiguió hasta 1965, ya que hasta esa fecha sólo podían votar las mujeres blancas. En España debemos agradecer la lucha de Clara Campoamor, que consiguió el voto femenino en 1931 y que se estableció como el artículo 36 de la Constitución Española durante la Segunda República. Para conseguir la emancipación de la mujer, ésta debe poder decidir y para ello es imprescindible que forme parte de la ciudadanía. En el mismo ejemplo anterior en el que las mujeres fueron traicionadas por sus compañeros en la Revolución Francesa, en el caso de Clara Campoamor, cuando llevó su petición del voto femenino fue traicionada por su propio partido, el Partido Radical y el Partido Radical Socialista, que votó en contra bajo la justificación de que la mujer estaba demasiado coaccionada por la Iglesia y si votaba, ganaría la derecha. Este es otro ejemplo de como se antepone cualquier otra causa a la feminista, como en cualquier ámbito la mujer será la parte secundaria de la sociedad. A pesar de ello, se aprobó la moción y la mujer ejerció su derecho a votar hasta que la dictadura franquista volvió a convertirla en ciudadana de segunda, siendo su herencia actual aún defensora de dicha estructura de poder.

Simone de Beauvoir habla por primera vez del género, dando fundamento teórico al Feminismo

En el periodo de entreguerras de la mitad del siglo XX, el feminismo se vio afectado por las posiciones más conservadoras que pedían a las mujeres que abandonaran la lucha, priorizándose los aspectos económicos ante los sociales. Fue en 1949, tras la Segunda Guerra Mundial cuando Simone de Beauvoir marca un antes y un después en la teoría feminista con su obra “El Segundo Sexo”. Por primera vez se habla de género, conceptualizandose como categoría social y dando el fundamento teórico al Feminismo. Amelia Valcárcel y Celia Amorós exponen como la teoría de Simon de Beauvoir surge como la radicalización de la teoría de Mary Wollstonecraft, llevando más allá la idea de mujer como producto artificial de la sociedad al enunciar la frase “no se nace mujer, se llega a serlo”, argumentando así que contamos con existencia, no esencia, y que hombres y mujeres somos productos de la sociedad, desnaturalizando así lo femenino.

El Feminismo tiene una cronología que lo fundamenta como un movimiento necesario desde sus orígenes en la Edad Media y sigue siéndolo en la actualidad. La retrospectiva que nos ofrece su historia nos permite analizar y entender las estructuras de poder y el sistema actual. Pese a su discurso a menudo etnocentrista, está presente en prácticamente todas las culturas, aunque no se denomine como tal. Ahora nos encontramos ante nuevos retos, como la globalización que marca nuestra era, a la vez que seguimos denunciando antiguos agravios. La mujer sigue sin ser individuo, sigue sin poder decidir en muchos aspectos de su vida y la violencia sigue estando normalizada. La teoría del feminismo nace de la abstracción, del planteamiento reflexivo de nuestra posición en el mundo y nuestra propia existencia; su práctica radica en lo cotidiano y en lo político, tenemos que seguir reconstruyendo y redefiniendo nuestro mundo para que no necesitemos una categoría como el género. La humanidad no puede avanzar sin el feminismo, ya que las mujeres somos humanidad y no hay humanidad sin nosotras.

 

BIBLIOGRAFÍA

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