¿La ley castiga más a los maltratadores que a las maltratadoras?

No es algo nuevo, pero es recurrente en muchas conversaciones que comienzan hablando de feminismo y de las leyes de igualdad. De la violencia de género se ha discutido hasta la terminología, y es que al sistema establecido le conviene batallar en todas las trincheras posibles en contra de cualquier conquista que remueva lo que viene siendo así por tradición. Y una de las tradiciones mas antiguas es la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres.

No puede pasar por alto el número de mujeres que son asesinadas por sus parejas varones en nuestro país.

No es mi intención hablar aquí, pues no es mi ámbito de estudio, de las razones por las que el ámbito conyugal es un lugar idóneo donde observar la desigualdad entre parejas heterosexuales a todos los niveles. Pero algo que no ha podido pasar por alto nadie a estas alturas es el horroroso número de mujeres que son asesinadas por sus parejas varones en nuestro país, en lo que viene siendo una matanza semanal, y respecto a la cual se tienen que recurrir a malabarismos matemáticos como “reiniciar” el contador de asesinadas una vez al año para que la cosa no tome tintes de genocidio.

Sin embargo, hay toda una jauría dispuesta a discutir cualquier aspecto legislativo que implique “diferenciar” el castigo a una conducta si se comete por un hombre hacia una mujer que si sucede al contrario. Casi todo el mundo tiene una opinión al respecto, y en la mayoría de los casos la crítica dice provenir del sentido común: ¿cómo puede respetarse la igualdad entre hombre y mujer si se hace esa diferenciación?

En ocasiones llegan al debate público voces que atestiguan la existencia de esa desigualdad.

En ocasiones llegan al debate público voces que atestiguan la existencia de esa desigualdad. En las elecciones de diciembre de 2015 desde el partido político Ciudadanos se incluyó una propuesta en su programa electoral en este sentido. La conclusión evidente a la que llega alguien que no conozca el tema y no sea un jurista acostumbrado a tratar con dichos términos es que, efectivamente, existe una “agravante de género”. Y sin entrar a valorar la propuesta de Ciudadanos, que posteriormente retiraron de su programa electoral, parece corroborar que se castiga más el maltrato de un hombre a una mujer que viceversa.

Pues empecemos negando la mayor. No. No es cierto que exista en el código penal una agravante general que castigue más porque el autor de la conducta sea varón.

Puede parecer innecesario remarcarlo, pero tristemente mucha gente hace su propia interpretación de la realidad. Las agravantes, como concepto penal, son circunstancias que pueden o no concurrir en los hechos delictivos, y que pueden hacer que los castigos que contempla el código se apliquen más duramente si se dan esas circunstancias. Una agravante famosa es la alevosía, y otra menos famosa pero que viene a cuento es la discriminación por razón de sexo, recogida en el artículo 22.4, que castiga más a quien comete el delito por motivos

… racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad.

Si el delito se comete por cualquiera de dichas razones, el castigo a imponer será más severo.

Entonces, ¿existe esa agravante en el ámbito de la violencia machista?

Pues tampoco. Pasando por alto que en el Código Penal no se encuentra ninguna referencia a la palabra “machista”, no podemos afirmar que exista ninguna regulación al respecto que establezca desequilibrio en el castigo diferenciando exclusivamente por el sexo. Eso significa, por ejemplo, que el castigo previsto para un señor que incite en las redes sociales el odio a las mujeres será el mismo que el previsto para una señora que incite el odio a los hombres; y también será igual que el de la mujer el castigo para un hombre que golpee a una mujer desconocida por la calle.

A lo que desde Ciudadanos hacían referencia, y entramos por fin en el meollo de la cuestión, es a que en el concreto ámbito de la violencia de género, y en los poquísimos delitos que a continuación estudiaremos, es cierto que existe desequilibrio en los castigos a imponer, pero la clave del asunto no es que simplemente el agresor sea hombre, sino que lo es con una especial relación con la mujer agredida. Esa especial relación será:

Cuando la ofendida sea o haya sido esposa, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia.

Se tiende a generalizar en lo que la ley entiende como violencia de género, y que evidentemente no es equivalente a violencia machista.

Parece entonces que hemos hilado demasiado fino, que todo el análisis anterior sobra y que en efecto a eso es a lo que se refiere la propuesta de Ciudadanos. Y no es que no sea así en sus papeles, en su programa e incluso en las cabezas de precursores. Pero la realidad es que no todo el mundo hace la diferenciación que acabamos de realizar, se tiende a generalizar y sobre todo, a no puntualizar en lo que la ley entiende como violencia de género, y que evidentemente no es equivalente a violencia machista, un concepto mucho más amplio y que no está especialmente protegido.

Pero profundizaremos un poco más. Seré breve, lo prometo. Tan solo para que aquellos que alguna vez se han puesto a discutir la escandalosa “asimetría penal” en el código penal español se les pueda caer la cara de vergüenza al ver de lo que, en realidad, estamos hablando.

Respondiendo a la pregunta que da título al artículo: si, existen tres delitos de escasa gravedad en los que en efecto se castiga más la conducta del varón contra su pareja que viceversa.

Yendo directamente al grano, los delitos en los que existe dicha diferencia de pena son 3: el maltrato de obra, las amenazas leves y las coacciones.

El conocido como maltrato de obra, esto es: golpear o maltratar de obra a otro sin causarle lesión, está castigado con una pena para el autor de los hechos contra su pareja o análoga relación, si es hombre, de prisión de 6 meses a 1 año o trabajos en beneficio de la comunidad de treinta y uno a ochenta días (art 153.1), y si es mujer la pena es de 3 meses a 1 año o trabajos comunitarios en igual extensión (art153.2).

En los delitos de amenazas leves y coacciones leves, en el ámbito de la violencia de género es donde podemos observar la mayor asimetría, y es que si es el marido el que profiere la amenaza o coacción leve contra su esposa se considerará un delito (art.171.4 o 172.2, respectivamente) con idéntica pena a la enunciada arriba para el maltrato de obra; pero si la amenaza leve o coacción leve la profiere la esposa a su marido, esta conducta solo será un delito leve, teniendo un castigo mucho menor: pena de localización permanente, trabajos en beneficio de la comunidad o multa (art. 171.7 y art. 172.3, respectivamente).

Solo hay verdadera asimetría en dos delitos cuya conducta se caracteriza por su levedad.

Así, si asumimos que la asimetría en el caso del maltrato de obra es casi inexistente pues solo se diferencian en el mínimo de pena a imponer, podemos concluir que solo hay verdadera asimetría en dos delitos cuya conducta se caracteriza por su levedad, pues en las conductas graves el castigo a imponer es el mismo. Y aunque existe una pena accesoria a los tres delitos que el juzgador puede imponer o no, de suspensión o privación de la patria potestad, y que también puede tener una duración distinta, en la práctica el margen ofrecido es tan amplio que no existe diferenciación real.

Y ya está. No existe más asimetría a este respecto. Repasemos algunos delitos íntimamente relacionados con la violencia de género: allanamiento de morada, malos tratos habituales, detención ilegal, coacciones graves, amenazas graves, violación, asesinato. Ninguno contiene diferenciación, en todos el castigo es igual.

¿De verdad que la (ridícula) asimetría penal existente merece una especial atención? ¿alguien puede sentirse verdaderamente agredido por la existencia de esta distinción en el castigo de estas conductas? ¿alguien necesita que se le explique el motivo por el cual existe esa diferenciación?

Pues por si alguien lo precisa, seguiremos escribiendo sobre el asunto.

Continuará.

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