¿Por qué los casos de violencia de género no deben apoyarse “en la espalda” de la víctima?

El pasado sábado fue el día internacional contra la violencia sobre la mujer, y en numerosos lugares del país se sucedieron manifestaciones de repulsa ante este tipo de violencia, y en especial se recordó a las 45 mujeres que, a día de hoy, cuentan como triste estadística de fallecidas en España a manos de sus parejas masculinas en lo que llevamos de año 2017.

El sistema de castigo al agresor está basado en la denuncia de la víctima y en su testimonio.

Es evidente que algo falla en el sistema, y es que pese a que muchos colectivos han denunciado que las campañas contra este tipo de violencia culpabilizan de la misma a las víctimas (1) (2) en ellas subsiste una verdad incómoda: el sistema penal, que es el que tendría los mecanismos para poder proteger a las mujeres contra sus agresores, está esencialmente basado en la denuncia de la víctima y en su testimonio para ponerse en funcionamiento. Si examinamos las estadísticas del año en curso podemos observar el drama: de las 45 asesinadas, sólo 8 habían cursado denuncia por sí mismas; y de las 8, 2 no continuaron con el proceso judicial.

Pero, ¿por qué es tan costoso el proceso judicial para las víctimas? ¿qué dificultades encuentran? ¿por qué es tan aberrante mantener el peso del procedimiento sobre sus espaldas?

Para responder a dicha pregunta voy a resaltar las conclusiones de un estudio sobre el abandono del proceso judicial promovido por el Instituto Andaluz de la Mujer en 2012, que recogió las impresiones de 750 mujeres entre usuarias de los Servicios de Asistencia a las Víctimas, Casas de Acogida, Centros municipales y diferentes fundaciones. Intercalaré entre los datos testimonios reales de las mujeres entrevistadas y de los profesionales que las entrevistan, para mejor ilustración del factor concreto.

Las 25 razones por los que las maltratadas no deberían ser el pilar sobre el que se sustenta el castigo al agresor son:

1) La falta de apoyo familiar y social. Una de las estrategias a la que recurre el agresor para establecer el dominio sobre la víctima es la de aislarla socialmente influyendo negativamente en sus relaciones, y pueden retirar el apoyo a las denunciantes por temor a ser a su vez víctimas de los actos violentos del agresor y/o de sus familiares.

Los amigos también con tal de no tener problemas, ó sea… yo cuando necesito un testigo o que venga alguien conmigo, no viene por el miedo de “y si me ataca a mí”, ¿entiendes?, entonces por el hecho de no tener a la familia cerca o a los amigos cerca, nos encontramos solas en el juicio.

2) Presiones de la propia familia de la denunciante y del entorno social, para que abandone el procedimiento judicial e intente recomponer la relación de pareja.

3) Falta de recursos económicos/laborales. Verse en una situación de desempleo y de dependencia económica del agresor.

4) Los recursos de las instituciones no cubren las necesidades básicas.

Si estuviera apoyada psicológicamente, mis hijos no tuvieran problemas, no vamos a hablar del mismo nivel porque a lo mejor antes yo era rica y ahora no lo soy, vamos a hablar de un nivel normalito, y yo tuviera mi trabajo y me sintiera realizada, a mí no me hace falta nadie que me pegue. Pero como resulta que estoy hundida en la “puta mierda”, no encuentro trabajo, no tengo ropa para vestirme, mis hijos tienen carencia y yo sé que tú me estas prometiendo que no lo vas a hacer más, vuelvo contigo ¿no? Es de tontos no volver ¿no?

5) Falta de información sobre el proceso judicial.

Muchas desconocen que al poner una denuncia se inicia un proceso penal (…) ellas lo primero que te dicen es “yo no quiero que a él le pase nada” “yo quiero darle un escarmiento”, “lo que quiero es que cambie” (…).

6) Falsas expectativas judiciales. Por un lado, esperan que la denuncia ponga  inmediatamente fin a la situación de violencia, y de otro tienen la creencia de que la denuncia sirva como señal de advertencia al agresor.

Y no cambia, al revés, suele ser peor.

7) Tiempos excesivamente dilatados de los procedimientos penales.

Entonces yo me retiré porque después de 4 años, yo todas las veces que debía verle me ponía a temblar, dos o tres noches sin dormir…a mi después de 4 años qué me importaba que un juez dijese si había estado maltratada o no, en realidad lo que quería era vivir tranquila. (…) lo que era la vista deun juicio para mí era horrible, entonces para mí fue más contraproducente que producente. Por eso me retiré, yo no le ví ventaja ya, porque yo ya había salido adelante, tenía mi trabajo, tenía mi casa… y ya me daba igual que un juez le condenara por malos tratos. Es que yo llevaba 4 años de calvario, 4 años… se dice pronto…

8) Excesiva burocratización. En muchos de estos casos las mujeres renuncian a continuar con el proceso judicial, al ver que éste no sólo no ofrece una real solución a su situación, sino que les ocasiona problemas en el trabajo al tenerse que ausentar a menudo para comparecer en los juzgados.

9) Enfrentarse al agresor y a su familia durante el juicio.

Nos tienen que informar, tenemos que estar fuertes para ir al juicio. Yo la primera vez que fui a juicio aquí en Sevilla, mi marido estaba allí, dicen que hay protección de testigos, pero no es cien por cien, porque no te protegen en las escaleras… ó sea tu a lo mejor no lo ves en el juicio, pero lo estás escuchando, y la voz ya te pones a temblar. Mientras estábamos esperando él pasa, y él en vez de mirar para cualquier lado, me estaba mirando a mí, yo en ese momento quería ser un águila y salir volando de allí. Yo no quería estar allí y eso fue terrible para mí.

10) Falta de sensibilización y formación de los juristas que intervienen en el proceso.

El abogado de oficio también es una lotería. Te puede tocar uno muy bueno o uno que te deje de la mano de Dios. Muchas mujeres se retiran porque el abogado de oficio no les llama. Ella llama, él no coge el teléfono.

11) Sensación de falta de credibilidad. La idea que insistentemente circula a nivel social y en los medios de comunicación sobre los presuntos casos de denuncias falsas contamina el imaginario colectivo, haciendo que este fenómeno se encuentre enormemente sobredimensionado, pese a que según los datos del año del estudio las acusaciones falsas representaron el 0,0184% del total.

12) La presión o pacto de los abogados cuando se está tramitando a la vez un  procedimiento civil de separación.

Hay abogados que dicen: “Retira la denuncia que con el divorcio exprés en pocos meses esto está listo, y con la denuncia eso puede tardar hasta un año”. Y tú ¿qué quieres? que sea lo más rápido posible y que te deje en paz.

13) La no concesión de la orden de protección. Es identificado como un factor que aumenta la vulnerabilidad de la denunciante ya que en los casos en que ésta no tenga la posibilidad de trasladar su domicilio, se ve obligada a seguir conviviendo con el agresor que se ve de alguna manera amparado y empoderado por el sistema judicial.

Entonces la mujer dice yo denuncio, me expongo, y el juez no me da la orden de protección…. Pues ya está, yo no sigo.

14) Miedo que tiene la víctima a la actuación de su ex-pareja y de su entorno familiar.

Me decía: “si no te vas del procedimiento te voy a hacer la vida imposible a ti, a tus hijos, a tu madre…

15) Amenazas y chantaje del agresor por la pensión de los hijos y las hijas.

Él sigue teniendo control, fíjate si no hay punto de encuentro, la entrega o recogida de los niños, los hombres las tienen allí a las mujeres, utilizan eso para machaqueo total, y que tu estés mal económicamente porque te chantajean con eso “si no retiras la denuncia no te pago” y si no te paga y no tienes trabajo, puedes perder la casa, te puede pasar de todo. Entonces vamos a llegar a un acuerdo y yo te pago mitad de la hipoteca, tú al final retiras la denuncia y llegas al acuerdo.

16) La custodia de los hijos e hijas. Pueden amenazar a la denunciante con empezar un procedimiento judicial con el objetivo de desacreditarla frente a el/la juez para obtener la custodia de los y las menores.

17) La proximidad del agresor o los contactos tanto telefónicos como personales con él.

Si tienen contacto con el agresor la convence. ¿No nos han convencido durante tantos años? ellos saben muy bien cómo convencernos, como llegar a nosotras, como hacernos… yo digo que tenemos como un chip allí que como ellos lleguen, nos dan un botón y hacemos lo que a ellos les da la gana. Yo he hecho cosas que yo no me imaginaría poderla hacer, pero que las haces porque ellos te controlan. Entonces en ese procedimiento como no esté tú muy fuerte, ellos son capaces de convencerte de lo que sea, como tengas contacto con ellos.

18) El modo de funcionar del “ciclo de la violencia”. El periodo de “luna de miel” que precede la sucesiva escalada violenta, puede causar el abandono del procedimiento en la medida en que las mujeres pueden volver a dar otra oportunidad al agresor si éste muestra arrepentimiento y se producen en él pseudo-cambios.

19) Sentimiento de culpa al generar un daño al agresor, todo ello acrecentado por el temor de que él acabe en prisión, y consecuentemente a los hijos/as.

Yo se lo dije a la psicóloga, llevan dándome crisis de ansiedad desde que me enteré que tenía ese juicio y el porqué, porque yo no me veo capaz y mis principios y mi moral no me dejan el pensar más allá. Yo saber que una persona está privada de libertad por mí, que puede recaer en la droga por mí, que le pueden pegar una pinchada en la cárcel por mí, es… es el padre de mis hijos.

Cuando le dice la abogada “eso y eso que lo van a condenar por dos años y medio, te va a dejar en paz”, la mujer dice “no, no, no, no, me retiro. ¡Cómo va el padre de mis hijos a la cárcel y mis hijos a verlo a la cárcel!” como le voy a hacer esto a mis hijos, que su padre esté en la cárcel por mi culpa. Eso la echa para atrás un montón.

20) Normalización de la violencia y minimización del riesgo.

Empiezas a pensar que el mundo de fuera es más duro que el de dentro, eso junto con la distorsión de que el agresor no es tan malo, el miedo a que algo le ocurra, que después de todo es el padre de tus hijos, pues ahí tienes todo hecho.

21) Miedo a lo desconocido, y la incertidumbre sobre la nueva situación.

Yo estoy acostumbrada a aguantar este maltrato, yo veo que lo puedo manejar…es mi sacrificio pero ¿cómo voy a salir adelante sola? es que además las tienen machacadas de tal forma que tú piensas que no puedes salir adelante sola. A lo mejor tú eres la que trabaja en la casa y él está en el paro, pero tú no lo ves.

22) El deterioro personal debido al maltrato.

El alto grado de deterioro personal provocado por la situación prolongada de malos tratos, la debilitan, incapacitan para tomar decisiones por sí mismas, culpabilidad, miedo.

23) llegar a la denuncia como consecuencia de un episodio puntual, sin haber madurado la decisión anteriormente.

Si es una mujer que ha tenido que denunciar porque ese día casi la mata, o porque tiene lesiones o porque ya no puede más y tiene que denunciar para ir a una casa de acogida, esa mujer depende mucho del trabajo que se haga con ella sobre todo emocionalmente, si encima ve que él no tiene orden de alejamiento y esa denuncia no le sirve para nada, se retira.

24) Socialización de género.  Produce en las mujeres especiales problemas para afrontar la vida en solitario y falsas creencias sobre el amor y las relaciones de pareja.

…a mi me compensaba, ahora me acuerdo de lo bueno y tengo que taparlo con lo malo, te planteas muchas cosas, y es que yo lo quiero con locura.

Vamos a ver, que yo estoy renunciando a mi referente de futuro, yo estoy denunciando a mi pareja, es que a mí me han educado que el peso de la relación lo tengo que llevar yo, es que yo soy siento que soy culpable y además como estoy sobrecargada de responsabilidades, me estoy echando una responsabilidad más.

25) por último, vergüenza por la sensación de haber fracasado en su relación de pareja, y por el hecho de haber estado soportando situaciones que ahora consideran intolerables.

 

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