Despatriarcalizando la salud femenina I: El embarazo.

Existe desde hace ya muchos años una corriente muy extendida que pretende restituir al embarazo y al parto su lado más humano. Tanto colectivos feministas como de profesionales y usuarias, pretenden mejorar la información de las parejas y hacerlas más partícipes de su embarazo y parto. El problema surge cuando la información que proporcionan no se ajusta a la evidencia científica y se prima el parto natural por encima de todo, poniendo en ocasiones en riesgo la vida de la madre y del feto.

Hasta que no asumamos la tasa de mortalidad materna y fetal no podemos hablar del parto natural.

Pero claro, cuando los referentes que vemos en cine y televisión te muestran el “parto de color de rosa” con dos empujones, tres lágrimas y a la persona que asiste recogiendo a tu bebé sin ninguna labor más; o cuando Shakira se hace una cesárea en la semana 34 (8 meses aproximadamente) para que la cicatriz sea más pequeña y ya de paso un cirujano plástico le haga unos retoques, apaga y vámonos. Estamos en una sociedad en la que la salud se ha convertido en un derecho inalienable y no estamos preparados para la muerte y la enfermedad. Queremos un parto natural, un niño sano, rubio, de ojos azules, de 3 kg, con dos empujones, sin epidural, sin medicación, sin dolor y con nuestros familiares alrededor. Pero hasta que no asumamos la tasa de mortalidad materna y fetal no podemos hablar del parto natural.

Recuerdo que un profesor comentó en una clase que el primer fórceps lo inventó un obstetra tras la muerte de una reina y el hijo que esperaba en un parto obstruído (cuando el feto no puede salir por ser la pelvis muy estrecha o estar mal posicionado). A la muerte de ambos siguió la del médico que atendía el parto, aunque ésta ya no fue de causa “natural”.

Con esto quiero ilustrar que los avances de la medicina y la ciencia en general se suelen deber al azar (como el caso de Fleming y la penicilina) o mayoritariamente surgen como respuesta a las circunstancias que nos rodean. Por eso me parece fundamental desmontar algunos mitos y arrojar un poco de luz sobre el embarazo, parto y puerperio.

Persiste la idea de que el valor de una mujer viene dado por su fertilidad.

Como sabemos, el embarazo se divide en tres trimestres que corresponden a etapas diferenciadas del desarrollo fetal y que comprenden problemas y riesgos distintos. Antes de nada, decir que las semanas de gestación se cuentan desde la fecha de la última regla y no desde el día de la concepción (ya que saber el momento exacto de ésta última es complicado) y que se puede modificar según el tamaño del embrión en la 1ª ecografía. El primer trimestre abarca hasta la semana 12 (3º mes) y es el más “delicado”. Es cuando hay que estar más atenta para evitar los fármacos y/o tóxicos que pueden afectar al desarrollo del embrión, aunque se suelen producir efectos de “todo o nada”: es decir, o sigue adelante la gestación o se produce un aborto. Una de las cosas que más preocupan son los sangrados, ya que en algunos casos son síntoma de aborto, y digo en algunos porque también hay un sangrado cuando se produce la implantación del embrión o simplemente procedente de la vagina o cuello del útero por el aumento de la vascularización de los mismos. Cualquier sangrado en el 1º trimestre se denomina amenaza de aborto, aunque no exista un riesgo  real del mismo. Abordando el tema del aborto desde una perspectiva de género resulta llamativo el secretismo y la culpabilidad en torno a él. Los datos que aporta la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia), dicen que el aborto espontáneo suele ser de causa desconocida (selección natural de los embriones con alteraciones) y  se produce en torno al 10-20% de todas las gestaciones: eso quiere decir que en un margen de entre una y cinco de cada diez mujeres de nuestro entorno han sufrido un aborto. ¿Conocéis a tantas? ¿Incluso entre vuestras familiares/amigas íntimas? Desde mi punto de vista esto se debe a la persistencia atávica de que el valor de la mujer viene dado por la capacidad de descendencia que tenga y la esterilidad o los problemas para concebir (aunque sean normales, ya que el ser humano es una especie muy poco fértil) aún son un tema tabú. Y resulta también revelador que muchas mujeres piensan que han abortado por algo que han hecho ellas, culpabilidad que no se  atribuyen sus compañeros varones. Otro aspecto importante en cuanto al aborto es que su tasa aumenta drásticamente con la edad materna, llegando  al 51% en torno a los 40 años y al 93% por encima de los 45 años (datos SEGO). Pero ¿qué pasa con la edad paterna? Pues exactamente lo mismo aunque pocas veces hayamos oído hablar de esto. El problema de fondo que subyace al tema de la edad y la gestación es lo poco que se facilita en nuestra sociedad la conciliación de la vida laboral y familiar y las dificultades que tienen los jóvenes, especialmente las mujeres, para compatibilizar trabajo e hijos. De hecho no es raro encontrarnos en entrevistas de trabajo la típica pregunta de si estás casada o tienes hijos, eso sí, solo si eres mujer. Con estas perspectivas nos encontramos a muchas parejas intentando tener su primer hijo por encima de los 40 años, cuando la sociedad les dice que son jóvenes, pero la biología les dice que no.

El segundo trimestre  es el de la felicidad, se han acabado las naúseas y vómitos, pero no tienes aún esa tripa inmensa que te impide moverte. Es importante porque es cuando se pueden dar  enfermedades como la  temida preeclampsia (hipertensión en el embarazo debida a la placenta) y se están desarrollando muchos de los órganos fundamentales del feto, por eso en la ecografía de la semana 20, más que preocuparnos por si es niño o niña, quizá deberíamos pensar en si presenta alguna alteración o no. Mi experiencia personal  me dice que en cuanto al sexo del feto las mujeres suelen tener menos preferencias pero los hombres jóvenes quieren niños y conforme aumenta su edad  suelen preferir niñas. Ahí lo dejo como anécdota curiosa sobre la que no tengo base científica ni teoría al respecto.

El tercer trimestre va desde la semana 24 (6º mes) al fin del embarazo y es el de la desesperación. Ya estás harta  de la bonita experiencia del embarazo, pareces un mamut y solo quieres que se acabe el suplicio. Y por si fuera poco no te puedes quejar porque unánimemente te  responden que cuando nazca la  criatura todo es peor. En este trimestre se produce el crecimiento del feto, que depende de la placenta y no tiene relación directa con la cantidad de alimentos ingerida.

En España no es raro encontrarnos mujeres que se realizan 7-8 ecografías durante el embarazo, con los inconvenientes que esto puede generar.

Otro ámbito importante en el embarazo es la asistencia al mismo, especialmente las ecografías. En España no es raro encontrarnos mujeres que se realizan 7-8 ecografías durante el embarazo (lo recomendado son 3) ya que acuden tanto a un centro público como privado, con los inconvenientes que esto puede generar. El primero es que las ecografías en el primer trimestre no son inocuas, especialmente el uso del  doppler (eso tan “chuli” que hace que podamos oír el corazoncito del embrión de 2 meses), ya que producen un aumento de la temperatura que puede dañar al embrión en esas etapas precoces. Por otra parte no debemos olvidar que la medicina no es una ciencia exacta y si la ecografía te la hacen dos profesionales distintos, con equipos distintos y experiencias diferentes pueden darte resultados contradictorios sin que necesariamente ninguno de los dos se equivoque, pero sí que puede afectar a tu confianza y tranquilidad. No debemos olvidar que contamos con un gran sistema sanitario, que realiza las 3 ecografías importantes en la sanidad pública, a diferencia de países como Estados Unidos, donde la clase media se realiza 1-2 habitualmente.

Durante el seguimiento del embarazo no es raro ver acudir a la consulta a la mujer gestante sola, sin la compañía de su pareja masculina.

Durante el seguimiento del embarazo no es raro ver acudir a la consulta a la mujer gestante sola, sin la  compañía de su pareja masculina. Es algo llamativo ya que no olvidemos que normalmente el embarazo es de los dos , al igual que el hijo. De hecho hagamos un ejercicio de imaginación y empatía… ¿os imagináis a una mujer acudiendo sola a comprar un coche para toda la familia? ¿o una casa? ¿Y cuántas veces acuden solos los hombres al médico, sin la compañía de su cónyuge o en su defecto de su madre? Esto probablemente remarca la idea de que el trabajo reproductivo y de cuidados sigue siendo, salvo honrosas excepciones, mayoritariamente femenino.

A modo de conclusión me gustaría enfatizar que a pesar de ser una rama de la medicina que se ocupa de la salud reproductiva y sexual de la mujer, la Obstetricia y Ginecología sigue siendo dominada por hombres, de hecho es llamativo que no exista (ni haya existido) ninguna catedrática de ésta especialidad en nuestro país y en pleno siglo XXI. La visión que tanto los profesionales como usuarios de la sanidad tienen del embarazo bebe directamente de una visión masculina y patriarcal del cuerpo de la mujer y de su funcionamiento, lo que necesariamente condiciona la visión que tenemos del mismo. El paternalismo con que se trata a una mujer durante el embarazo (a menudo tratándola como un ser inválido, presa de sus “antojos” y cambios hormonales) y el parto (pisoteando el derecho de autonomía del paciente y  olvidando que, aunque la vida y/o salud de otro ser humano está en juego, al fin y al cabo las actuaciones se realizan sobre su cuerpo) es una consecuencia directa de los siglos que llevamos de patriarcado y paternalismo médico. Aquí es dónde tod@s podemos actuar y esperemos que la feminización de la profesión y la impregnación que reciba del feminismo nos ayude en la tarea.

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