Despatriarcalizando la salud femenina III: el puerperio y la lactancia materna

Como hemos visto en artículos anteriores el embarazo lo podemos dividir en gestación, parto y puerperio. Hoy vamos a revisar, como siempre desde una perspectiva de género, el puerperio o conocido coloquialmente como la cuarentena.

Puerperio

Se define puerperio como el periodo comprendido entre el parto y las 6 semanas siguientes, en el que se produce la vuelta a la normalidad del aparato genital y la fisiología de la mujer. Se divide en 3 etapas:

Puerperio inmediato: las primeras 24 horas tras el parto. Normalmente transcurrirá en el hospital. Es importante la vigilancia del sangrado, del dolor y la recuperación de las funciones alteradas por la anestesia epidural como son la micción espontánea y la deambulación. En este periodo se debe iniciar la lactancia materna precoz, si la mujer ha decidido dar el pecho.

– Puerperio clínico: desde el puerperio inmediato hasta el alta hospitalaria y suele durar del 2º al 4º día. En este periodo empieza a involucionar el útero, es decir que va recuperando su tamaño normal, se produce la expulsión de los loquios (restos del revestimiento de la cavidad donde se aloja el feto) y se produce la subida de la leche, que puede venir acompañada de fiebre.

Puerperio tardío: desde el puerperio clínico hasta la primera menstruación, lo que suele ocurrir alrededor del día 40 tras el parto.

Un aspecto importante del puerperio es que se trata de un estado de hipercoagulabilidad, es decir la sangre se coagula con mayor facilidad y se pueden producir trombos (coágulos) que pueden obstruir los venas causando trombosis venosa profunda y/o los vasos pulmonares, produciendo un  tromboembolismo pulmonar. Se tratan de situaciones de gravedad que pueden incluso comprometer la vida, por lo que es importante:

– Deambulación precoz e hidratación abundante.

– Medidas físicas (medias de compresión) y/o farmacológicas (heparina) en el caso de tener algún factor de riesgo añadido. Los más frecuentes son haber sido sometida a una cesárea urgente, obesidad, diabetes, hipertensión o alteraciones genéticas tales como el Factor V de Leyden.

Lactancia materna

El asunto más controvertido de esta etapa es la lactancia materna.

Comencemos con algunas definiciones y conceptos iniciales:

El desarrollo de la mama comienza antes de la pubertad, continúa durante la misma y se completa durante el embarazo. Se requiere la acción coordinada de muchas hormonas.  Durante la gestación y bajo la acción de la prolactina la mama se convierte en un órgano secretor y está preparado desde el segundo trimestre.

La subida de la leche se inicia entre el 2º y el 6º día postparto. En las primeras horas postparto, responde a los cambios en el ambiente hormonal, sin que dependa de la succión, hasta el 3º o 4º día en que la secreción disminuirá si no se produce el estímulo de la succión.

El calostro es un líquido secretado por las glándulas mamarias durante el embarazo y los primeros días después del parto, compuesto por  inmunoglobulinas, agua, proteínas, grasas y carbohidratos en un líquido seroso  y amarillo.

Se denomina lactancia materna exclusiva a aquella en la que el recién nacido sólo se alimenta de leche materna, para llevarla a cabo es necesario tal y como recoge la OMS:  

  1. Iniciar el amamantamiento durante la primera hora de vida;
  2. Practicar el amamantamiento exclusivo, es decir, proporcionar al lactante únicamente leche materna, sin otros alimentos o bebidas, ni siquiera agua;
  3. Dar el pecho cuando el bebé lo reclame, ya sea de día o de noche;
  4. No utilizar biberones, tetinas o chupetes.

Ventajas

La lactancia materna tiene numerosas ventajas, tal y como recoge la Asociación Española de Pediatría:

Para las mujeres:

  • Previene las hemorragias postparto, ya que la succión del bebé facilita que el útero recupere su tamaño inicial.
  • Favorece la recuperación del peso inicial.
  • Proporciona bienestar emocional y una oportunidad única que vínculo afectivo madre-hijx
  • Reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario.
  • Mejora la reserva de masa ósea, previniendo la osteoporosis.

Para el recién nacido y el bebé lactante:

  • Protege frente a las infecciones respiratorias, otitis, infecciones gastrointestinales e incluso urinarias.
  • Protege frente al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.
  • Proporciona contacto físico a los bebés que les ayuda a sentirse más seguros, cálidos y confortables.
  • Mejor desarrollo dental con menos problemas de ortodoncia y caries.
  • Potencia el desarrollo intelectual gracias a que la leche materna tiene componentes específicos que son fundamentales para el desarrollo del cerebro.
  • La leche materna se digiere mejor y tiene efectos positivos a largo plazo sobre la salud del niño, disminuyendo el riesgo de que padezca alergias, diabetes, enfermedad celiaca, enfermedad inflamatoria intestinal, obesidad, hipertensión o cifras altas de colesterol.
  • Parece tener cierta protección frente a linfomas y algunos otros tipos de cáncer
  • La leche humana es el alimento de elección para todos los niños, incluidos los prematuros, los gemelos y los niños enfermos.

 Para la sociedad y el medio ambiente: 

 Es gratuita. Supone un ahorro en concepto de fórmulas artificiales, biberones y otros utensilios.

  • Al disminuir las infecciones y la gravedad de las mismas reduce los gastos médicos y los problemas laborales y familiares que dichas enfermedades suponen para los padres y la sociedad.
  • Reduce el uso de recursos humanos y materiales de la sanidad y si los niños enferman, se recuperan antes.
  • La leche materna es un recurso natural que no contamina y protege el medio ambiente ya que no produce residuos, ni necesita envases ni tratamientos especiales que requieran gasto energético en su elaboración ni emisiones de CO2.

Como dato curioso resaltar que aunque una de las contraindicaciones para la lactancia es la infección por el VIH, en el caso de los países subdesarrollados es preferible dar el pecho aunque exista riesgo de transmisión al bebé ya que es mucho mayor el riesgo de morir de hambre.

Existe cierta controversia sobre cuándo realizar el destete y es ahí donde entramos en terreno peliagudo que requiere un enfoque feminista. Comencemos con los datos:

El dilema se establece entre aquellos que consideran la lactancia materna exclusiva como el método de elección y aquellos que aducen que a  partir de los 4 meses de edad la lactancia materna resulta insuficiente para cubrir las necesidades de los bebés.

Tal y como recoge la Cochrane (se trata de un organismo que mediante sus revisiones de la literatura nos proporciona la mayor evidencia científica disponible) no se ha encontrado evidencia objetiva del dilema del destete, aunque sí sabemos que los lactantes con lactancia materna exclusiva durante 6 meses experimentan menos morbilidad (enfermedad) por infecciones gastrointestinales que aquellos que recibe lactancia mixta a partir de los 3 o 4 meses.

Existen iniciativas muy interesantes en nuestro medio como iHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia) promovida por la OMS y UNICEF a la que pertenecen una serie de hospitales y centros de salud si cumplen una serie de requisitos como cumplir los 10 pasos para una feliz lactancia natural, cumplir el código de comercialización de sucedáneos que prohíbe la propaganda en hospitales, tener al menos un 75% de lactancia materna exclusiva, ofrecer información y apoyo a las madres que deciden no amamantar y ofrecer una asistencia al parto acorde con la Estrategia de Atención al Parto Normal del SNS. En nuestro país gozan de este reconocimiento hospitales como el Hospital Dexeus en Barcelona, el Hospital de Barbastro en Huesca, el Hospital 12 de Octubre de Madrid o el Hospital Virgen del Castillo en Yecla (Murcia).

Con respecto a los sucedáneos de leche materna o fórmulas artificiales es interesante conocer su evolución histórica:

  • Antes del siglo XVIII la mayoría de los intentos por crear un sustituto de la leche humana antes de esta época produjo resultados desastrosos. Casi todas las madres preferían amamantar.
  • 1867: A mediados del siglo XIX, los investigadores empezaron a analizar la leche materna en un intento por crear un sustituto razonable y así se introdujo el primer linaje de leche de fórmula. Un líquido que contenía harina de malta y trigo se mezcló con leche de vaca, se cocinó con bicarbonato de potasa y se presentó como el “alimento ideal para los bebés”. No estamos exactamente seguros de qué es la potasa o de si esta leche de fórmula primitiva fue recibida con las bocas abiertas, pero para finales del siglo XVIII, ya existía la base de la leche de fórmula moderna y se había iniciado la comercialización de la leche de fórmula artificial para bebés.
  • 1951: La primera leche de fórmula para bebés líquida llegó a los estantes y rápidamente se convirtió en el producto más popular disponible en el mercado de leche de fórmula para bebés. El mundo desarrollado le dio una muy buena acogida a la leche de fórmula artificial para bebés y pronto se convirtió en el método de alimentación preferido. Se convirtió en un sinónimo de modernidad y poder adquisitivo, llegando a quedar relegada la lactancia materna a los estratos sociales más bajos.

Actualmente la producción se encuentra muy controlada y unas poca marcas pueden comercializarlas. Las estrategias para promover la lactancia han hecho posible esta regulación y por ejemplo está prohibido hacer publicidad de las mismas en hospitales y centros sanitarios.

Otra iniciativa importante es la de los Bancos de Leche Humana que permiten realizar estudios sobre la lactancia materna así como ayudar en la alimentación de recién nacidos de manera transitoria hasta que puedan recibir la lactancia de su madre. Existen muchos hospitales que constan de estos Bancos y se trata de una iniciativa solidaria y enriquecedora que cada día está más presente.

Entonces, si la lactancia materna es tan maravillosa, ¿cuál es el problema?

Desde el punto de vista patriarcal, uno de los argumentos más manidos para justificar una presunta superioridad del hombre frente a la mujer es la biología y en el caso de la maternidad alcanza su máxima expresión. La capacidad de gestar y amamantar nos otorgaría un mandato biológico (esto en las versiones modernas del patriarcado, en las antiguas era un designio divino) como madres amantísimas sin otra ocupación ni interés en la vida. Esta cuestión alcanza un nivel máximo en la lactancia materna: en algunos colectivos reaccionarios y en otros feministas (1) (2) el hecho de tener pechos nos consagra como vacas lecheras hasta que nuestro vástago se independice por lo visto o incluso más allá.

El asunto de la lactancia materna alude a la libertad de la mujer para decidir.

Pero dejando de lado delirios patriarcales y atendiendo estrictamente a lo racional, todo este asunto de la lactancia materna alude a la libertad, informada a ser posible, de la mujer para decidir. Se trata al fin y al cabo de llevar tu vida y tu maternidad acorde a tus prioridades y si resulta que tu vocación vital sólo te permite dar el pecho un mes pues bien está, y si la de otra mujer es dar el pecho hasta que el niño haga la primera comunión pues bien está también. No se puede demonizar a la mujer que no quiere dar el pecho ni tratar de tonta y de no feminista a la que quiere prolongar la lactancia todo el tiempo que desee. Desde la administración se debe promover la lactancia materna (por los beneficios médicos anteriormente mencionados) y proporcionar apoyos para aquellas mujeres que quieren y no pueden. Los profesionales, especialmente del ámbito de la medicina de familia, ginecología y matronas, deben informar de la evidencia científica disponible y abstenerse de adoctrinar y juzgar, que ya hemos tenido bastante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *