La menstruación, la última frontera

Que las mujeres se avergüenzan de su menstruación es un hecho. Solo hay que pensar en cuantas veces pedimos un tampón a una amiga por lo bajini, no vaya a ser que alguien nos escuche y descubra que somos mujeres no embarazadas y en edad fértil. O cuando buscamos una compresa en el bolso y nos la guardamos a toda velocidad en el bolsillo para ir al baño a cambiarnos, temiendo que descubran que no nos gusta ir con la compresa rebosante de sangre menstrual.

Las mujeres tenemos problemas con la manifestación pública de nuestros actos más mundanos: no solemos eructar ni ventosear ni delante de nuestras parejas, ponemos papel a modo de amortiguador en la taza del váter cuando orinamos o defecamos y por supuesto nos “arreglamos” para salir a la calle (ni que estuviéramos rotas).

¿Por qué nos avergüenza hacer caca, hacer pis, sudar, tener pelos..? ¿Por qué nos avergüenza ser seres vivos?

Gran revelación: el resto del mundo LO SABE. Sabe que somos seres vivos con nuestras correspondientes funciones de nutrición, excreción, reproducción…

Dejando de un lado la ironía fina, ¿por qué todas e independientemente de nuestro carácter, profesión, situación socioeconómica, orientación sexual, raza, etc…nos vemos reconocidas en mayor o menor grado en estas conductas?

Existe un dualismo constante entre la sacralización y la denostación de la mujer por parte de la sociedad patriarcal, y tiene que ver con nuestra biología.

Hagamos un poco de Historia…

Las primeras noticias que tenemos de la menstruación se remontan a la época precristiana. Desde el siglo V a. C. existen registros científicos sobre “asuntos de mujeres” por parte de médicos naturistas griegos y romanos. Hipócrates (entre 460 a 370 a. C.) representó el sangrado menstrual de una mujer como “proceso de desecho de fluidos corporales femeninos superfluos”. Plinio el Mayor (de 23 a 79 a. C.) habla de la “impureza” de las mujeres con menstruación. Fue el primero en describir que la proximidad de una mujer menstruante echaba a perder el vino, hacía estériles las siembras y resecaba la hierba y las plantas de jardín. Hacia 1520 Paracelsus describió la existencia de un veneno de la menstruación la “menotoxina”. Esta idea persistió hasta el siglo XX.

En resumen, un mansplainning menstrual desde el origen de los tiempos.

¿Qué conocemos hoy sobre la menstruación?

Que se trata de un proceso mediado por hormonas que se denomina ciclo menstrual y que está en estrecha relación con el ciclo ovárico. Como todos sabemos las mujeres tenemos cerebro, ovarios, útero y vagina (entre otras cosas) y constituyen un eje estrechamente relacionado que nos prepara todos los meses, desde la menarquia (la primera regla) hasta la menopausia, para quedarnos embarazadas.

Nuestro cerebro (hipotálamo e hipófisis) genera unas hormonas (GnRH, FSH y LH) que actúan sobre los ovarios, que producen otras (estrógenos y progesterona) que a su vez ejercen acciones en el útero, preparando su capa interna (endometrio) para la implantación del embrión fecundado. Si no se produce dicha implantación el endometrio “se despega” fluyendo por la vagina en forma de sangrado menstrual. En resumen que la regla no es mágica, no corta mayonesas, te puedes mirar al espejo y lavar el pelo.

Igual que menstruar no nos convierte en “seres apestosos y sucios” tampoco en seres mágicos tocados por “la diosa” con poderes extrasensoriales, pero conocer algo de la fisiología femenina puede ser una ventaja, en determinados momentos o situaciones, como por ejemplo al hacer ejercicio.

¿Qué ocurre con la llamada “higiene femenina”?

Recordemos lo que significa el término higiene (RAE)

  1. f. Parte de la medicina que tiene por objeto la conservación de la salud y la prevención de enfermedades.

  2. f. Limpieza o aseo.

Conviene remarcar que él termino higiene en este caso debemos definirlo por su segunda acepción, ya que se trata de un aseo básicamente por comodidad porque la sangre menstrual no contiene microorganismos causantes de enfermedad (a no ser que la susodicha generadora de la misma esté enferma) por lo que la repulsión que produce proviene más de la cultura que de la asepsia.

Desde los métodos que usaban nuestras antepasadas para no ir manchadas de sangre hasta los tobillos hasta hoy ha llovido bastante. Hoy en día básicamente tenemos: compresas, tampones y “cosas modernas”. De las compresas no cabe mención ya que son archiconocidas por todos. El demonizado tampón no es un invento reciente, datándose sus primeros usos en el Antiguo Egipto, pero muy denostado por el llamado síndrome del shock tóxico, el cual podría estar relacionado por cualquier objeto que permanezca demasiadas horas en contacto con nuestras mucosas. Y con cualquier objeto también me estoy refiriendo a la copa menstrual o a la esponja.  Dudas que es posible que os estéis planteando son:

¿Las compresas de marca blanca son malas?

No, ningún objeto es malo per se, lo que puede ocurrir es que el material usado sea menos respetuoso con las pieles más sensibles, por lo que si tiendes en general a tener problemas dermatológicos elige con cuidado tus compresas.

¿El tampón es peligroso?

No más que cualquier otro objeto que tenemos en contacto con nuestras mucosas. Igual que no se nos ocurre llevar lentillas durante 3 días seguidos con los tampones debemos seguir las recomendaciones.

¿La copa menstrual es poco higiénica?

Falso. La copa menstrual tan sólo recoge nuestro sangrado de manera semejante que la compresa o el tampón. Cuando se llena la vaciamos y lavamos con agua y jabón, sin miedo a las infecciones ya que la vagina es una cavidad con su propio ecosistema de bacterias y hongos y contiene más microorganismos de los que puede haber en el agua corriente, en el que caso de que sobreviviesen a una superficie inerte y al jabón. La única problemática es encontrar una que se adapte de manera correcta a nuestra cavidad vaginal.

¿Y qué ocurre con la esponja menstrual?

Se trata de un producto seguro, que funciona de manera parecida al tampón. El inconveniente que podemos encontrar a priori es dificultad para su extracción.

Entonces, ¿por qué se denominan “naturales” (todo lo natural que puede ser el plástico) los métodos como la esponja o la copa?

El motivo fundamental es que son más respetuosos con el medio ambiente y más económicos, ya que son reutilizables. Entonces depende de la conciencia ecológica de cada una, si usas la copa pero vas en coche hasta para tirar la basura, no reciclas y escribes cada letra de la carta a los Reyes Magos en un folio distinto pues sinceramente no compensa.

Como conclusión con todo este tema de la regla no debemos olvidar que, como en todos los ámbitos, el conocimiento científico que tenemos es mayoritariamente de origen masculino, con las limitaciones obvias que conlleva, y es positivo repensar y analizar de una manera crítica todo lo que tenemos impreso en el ADN patriarcal. Pero me gustaría remarcar que hay que hacerlo de una manera crítica, ya que al fin y al cabo el cuerpo es el cuerpo, la ciencia es ciencia, y las interpretaciones están menos sujetas a sesgos culturales y son más fácilmente rebatibles sobre todo usando el sentido común.

 

*Fuente de las imágenes.

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