La vacuna contra el VPH ¿por qué es tan controvertida?

El virus del papiloma humano (VPH) es un virus de moda y su vacuna más aún. El movimiento anti-vacunas está radicalmente en contra de esta vacunación (como de todas), pero sorprende que desde los colectivos feministas también haya opiniones en contra. ¿A qué se debe esta mala prensa? ¿Existiría tanta polémica si se tratara de una vacuna que previene un cáncer exclusivamente masculino? Empecemos por el principio.

El cáncer de cérvix es el tercero más frecuente en las mujeres a nivel mundial.

El cáncer de cérvix (cuello de útero) es el tercero más frecuente en las mujeres a nivel mundial. En España ocupa el 5º lugar, probablemente por las estrategias de detección precoz (citología fundamentalmente) que permiten diagnosticar y tratar lesiones precursoras. Repasemos brevemente la anatomía: el útero es un órgano pélvico compuesto por el cuerpo uterino (donde se alojan los embarazos) y el cuello uterino o cérvix. Éste último es el que se dilata durante el parto y tiene una estructura y una composición particular.

Existe una relación causal entre el cáncer de cérvix y el virus del papiloma humano.

Se conoce desde hace años la relación causal que hay entre el cáncer de cérvix y el virus del papiloma humano (VPH). Este virus se transmite por el contacto con la piel y mucosas y por ello la principal vía de transmisión es la sexual (tanto en relaciones con penetración como sin ella). La mayoría de las personas se infectan en los primeros años de relaciones sexuales y lo eliminan gracias a la inmunidad natural, pero hay circunstancias que pueden dificultar esta eliminación tales como el tabaquismo, el tipo de virus, algunas enfermedades o la toma prolongada de anticonceptivos orales. El cuello del útero es especialmente susceptible a este virus y la persistencia de la infección en esta región anatómica puede provocar lesiones precursoras que a lo largo de los años producirían el temido cáncer.

En el mercado hay dos marcas que protegen de los dos principales virus que potencialmente pueden producir cáncer.

La vacuna del VPH es del tipo biosintética, como la de la meningitis C, y contiene proteínas parecidas a las del virus pero no material genético del mismo. La vacunación contra el VPH previene la infección pero no modifica la historia natural de la enfermedad, es decir, si te has infectado por el virus no ayuda ni a eliminarlo ni a que persista. En el mercado hoy en día tenemos dos marcas comerciales (Gardasil® y Cervarix®) y ambas protegen de la infección de los dos tipos principales de virus de alto riesgo (aquellos que potencialmente pueden producir cáncer).  Los efectos adversos de las vacunas registrados en el prospecto son fruto de ensayos clínicos que se realizan antes de la comercialización del producto e incluyen reacciones locales relacionadas con el sitio de inyección tales como enrojecimiento y tumefacción o cefalea como muy frecuentes (1 de cada 10 pacientes) y broncoespamo como muy raro (menos de 1 de cada 10.000 pacientes). Después tenemos el sistema de farmacovigilancia en el que los médicos notifican sospechas de efectos adversos que cumplan unos criterios de causalidad como la temporalidad y la plausibilidad biológica. Éstas también se recogen en el prospecto e incluyen síncopes (desfallecimiento) como una reacción psicógena a la inyección de la aguja (especialmente en adolescentes) y el temido síndrome de Guillain-Barré (debilidad muscular, sensaciones anormales, hormigueo). Cabe destacar que estas dos condiciones se han notificado también en relación con otras vacunas como la antigripal o la de la meningitis.

¿Qué nos depara el futuro?

En algunos países se está iniciando la vacunación también entre varones heterosexuales adolescentes (a los homosexuales se les ofrece ya), medida que me parece muy efectiva y que no tardará en llegar a España. Se están desarrollando nuevas vacunas que protegen de más tipos de virus potencialmente oncogénicos y las vacunas terapeúticas (que impedirían la progresión de las lesiones precursoras) están en fase de investigación. Hay estudios que demuestran que protege también frente a otros cánceres de la cavidad buco-faríngea.

Algunos colectivos feministas se posicionan en contra pues entiende que les atribuye a las mujeres la responsabilidad del control de la infección.

La vacunación sistemática contra el VPH lleva pocos años realizándose y, si bien es cierto que aún no conocemos todos sus posibles problemas, que sólo el tiempo puede proporcionarnos, el mensaje fundamental es que se trata de una vacuna que puede evitar el cáncer de cérvix. Esta es una enfermedad poco prevalente en nuestro país pero muy grave y potencialmente mortal. Entonces, ¿de dónde surge tanta controversia? Como posible explicación, tenemos por una parte el miedo  de los padres a que el vacunar a sus hijas adolescentes implique otorgarles su beneplácito al inicio sexual, situación evitable con educación y diálogo; por otra parte, algunos colectivos feministas se posicionan en contra de la vacuna por el mismo motivo por el que expresan sus reticencias en contra de los anticonceptivos: el hecho de que se les atribuya a las mujeres la responsabilidad del control de esta infección (al igual que la del control de la natalidad) como si los hombres no tuvieran ninguna implicación en la transmisión. Éste último supuesto estaría resuelto si se vacunase también a los varones, como hemos expuesto anteriormente.

A modo de conclusión, lanzo las siguientes preguntas. ¿Cuánto tardaríamos en ponernos una vacuna que evitase el cáncer de pulmón, el cáncer de páncreas o el cáncer de colon? ¿Estaríamos ante la misma controversia si no estuviera relacionada con el sexo o si se tratara de una vacuna que evitase un cáncer masculino, como el de próstata? Se abre el debate.

 

Bibliografía:

 

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