¡Mujeres! ¡disfrutad de la menopausia!

La palabra menopausia es un cultismo creado por un médico francés (Charles de Gardanne) en el siglo XIX y proviene del griego men= mes y pausia=pausa. Y precisamente de eso se trata: del fin de la regla, ni más ni menos.

Desde el punto de vista ginecológico se considera menopausia al momento en el que cesa la menstruación y en España aparece los 51,4 años de media. La perimenopausia es el periodo desde que comienzan las primeras alteraciones menstruales y la menopausia y se suele iniciar a los 47-48 años y durar de 2-5 años.

Desde un punto de vista sintomatológico la menopausia se caracteriza por los siguientes síntomas y signos tal como recoge la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM):

  • Sofocos e insomnio.
  • Ciclos irregulares.
  • Aumento de la grasa corporal
  • Osteoporosis
  • Alteraciones del ánimo
  • Cambios en la vida sexual
  • Cuidado cardiovascular

Todos estos síntomas y signos están mediados por la disminución de los estrógenos ya que éstos protegen de eventos cardiacos adversos, tienen efectos sobre el sistema nervioso, protege la densidad ósea y otros factores beneficiosos.

Si los estrógenos son maravillosos… ¿por qué no tomarlos de forma sistemática?

Entonces, si los estrógenos son tan maravillosos, ¿por qué no tomarlos de manera sistemática durante la menopausia? Esto es lo que se llama terapia hormonal sustitutiva (TSH) o terapia de reemplazo hormonal (TRH) y consiste en administrar estrógenos y/o progesterona (según sea necesario provocar o no una regla). La historia de la THS en mujeres menopaúsicas comienza en la década de los 40 como consecuencia del libro de Wilson Feminine Forever y la posibilidad de producir a gran escala estrógenos conjugados obtenidos de orina de yeguas embarazadas. En Europa también empieza la síntesis de una molécula de estradiol. Se instauró la corriente de “¡Estrógenos para todas y por toda la vida!” y en los 50s y 60s la única discrepancia era si administrarlos de forma continua o forma cíclica. Tras 30 años de uso indiscriminado aparecen los primeros estudios sobre el riesgo de cáncer de endometrio, que se soluciona con la adición de otra hormona: la progesterona.

En 1993 comenzó un estudio para determinar si la terapia hormonal era viable

Probablemente el hito más importante se produjo con el estudio de la Women’s Health Initiative (WHI) sobre TRH. Cuando el estudio WHI comenzó en 1993, casi la mitad de las más de 16.000 mujeres posmenopáusicas que participaron en el estudio recibieron una TRH combinada. La otra mitad de las mujeres recibieron un placebo (un comprimido de azúcar de aspecto similar a la TRH combinada). Este tipo de estudio se denomina “ensayo aleatorio” porque las mujeres y los médicos no sabían quiénes tomaban la TRH combinada y quiénes tomaban el placebo. Después de más de 5,5 años, un análisis inicial indicó que las mujeres que recibían una TRH combinada tenían muchas más probabilidades de que les diagnosticaran cáncer de mama que las mujeres que tomaban el placebo. El ensayo se interrumpió después de cinco años debido a que el riesgo global del uso continuado de la terapia hormonal sustitutiva superaba a sus beneficios. Concretamente, el tratamiento hormonal sustitutivo prevenía la aparición de cáncer de colon y fractura de cadera (11 casos menos por cada 10.000 mujeres tratadas por año) pero aumentaba el riesgo de enfermedad coronaria aguda, accidente cerebrovascular, coágulos graves en las venas y cáncer de mama (31 casos más por cada 10.000 mujeres tratadas por año), siendo el balance desfavorable.

Hoy en día existen preparados y vías de administración que reducen al mínimo estos efectos adversos y el tratamiento queda reservado a aquellas pacientes con menopausia precoz o sintomatología severa que no responde a métodos no hormonales.

¿De dónde viene el concepto tan generalmente extendido de la menopausia como el fin de la vida útil de la mujer?

En los años 30 y 40, Robert Wilson, del que hemos hablado anteriormente, en su libro Feminine Forever tituló uno de los capítulos “La Pérdida de la Feminidad y la Pérdida de la Buena Salud”. Describió a la mujer menopáusica como el equivalente de un eunuco: insoportable, suicida, incapacitada e incapaz de percibir su situación racionalmente. El doctor David Reuben, autor del libro Everything You Always Wanted To Know about Sex, mantenía que la esencia de la feminidad se liga a los ovarios, y que una vez que los estrógenos se acaban, la mujer llega a ser casi como un hombre y viven en “el mundo del inter-sexo”.

No hace muchos años el remedio prescrito por los ginecólogos para el dolor en las relaciones sexuales, por sequedad u otros motivos, eran las cremas de anestésicos locales, con lo que ya no sentías dolor (ni placer ni nada) y así “no molestabas al marido”.

Desterradas las ideas patriarcales que se han quedado en el subconsciente colectivo el mayor estigma de la menopausia es considerarla una enfermedad.

En los últimos años, los cambios socioculturales, que han valorado la juventud como un mérito en sí mismo, y la presión de las multinacionales farmacéuticas, que tienen intereses evidentes, han intentado convencer a las mujeres y a los profesionales de la salud, de que los cambios que va a presentar la mujer en esta etapa de la vida son una enfermedad y que, por lo tanto, precisa un tratamiento prolongado. Esto es costoso, tanto para los sistemas de salud, como para las mujeres, sin que los beneficios esperados estén claramente definidos ni avalados por estudios con el suficiente peso científico.

Fundamentándose en que la menopausia es una “enfermedad que se puede prevenir”, ha surgido todo un mercado de alimentos y complementos alimentarios “enriquecidos” con calcios, sojas, omegas, etc., que basados en pretendidos estudios científicos, que no se mencionan nunca, permiten aumentar el precio del producto sin tener clara su eficacia, pero que reportan grandes beneficios a las empresas.

Uno de los principales falsos mitos y que mas consultas al ginecólogo producen (muchas veces camufladas en otros motivos por vergüenza o timidez) es la pérdida del apetito sexual.

La menopausia no altera el potencial sexual de la mujer

Ni el interés ni la actividad sexual desaparecen con la edad, pero la sexualidad en la edad avanzada es muy diferente de unas personas a otras. A partir de los 50 años, la sexualidad se encuentra influida por cambios biofisiológicos, aspectos socioculturales y psicoemocionales diferentes, que pueden contribuir a reactivar, frenar o interrumpir las relaciones sexuales. Además, se trata de personas donde es más frecuente la existencia de otros problemas de salud, la iatrogenia médica o quirúrgica, sin olvidar que la vida sexual en la edad madura está muy condicionada por la vida sexual antes de esa edad. La menopausia por sí sola no altera el potencial de la mujer para desear, excitarse, sentir orgasmos, placer y satisfacción sexual. La falta de estrógenos produce sequedad vaginal, ya que la vagina pierde la elasticidad y puede resultar molesto e incapacitar las relaciones, y esto conlleva un círculo vicioso ya que cuantas menos relaciones más atrofia y así sucesivamente. Para combatir la atrofia vaginal tenemos numerosos productos (en ocasiones caros) tales como hidratantes y lubricantes vaginales y preparados con estrógenos a nivel local que pueden mejorar considerablemente esta sintomatología.

Como conclusión las mujeres menopaúsicas se encuentran doblemente discriminadas, por ser mujeres y ser “mayores” pero por eso mismo debemos redoblar los esfuerzos para evitar sentimientos de falta de atractivo, inutilidad, ansiedad y tristeza, que como hemos visto tienen un origen más sociocultural que biológico. La menopausia es otra etapa más de la vida, en la que suele coincidir un momento de plenitud laboral con menos responsabilidades familiares al que le sumamos la desaparición de la regla y el riesgo de embarazo. Es el tiempo de disfrutar plenamente de la sexualidad con libertad y olvidarnos de los dolores y sangrados, así que

¡MUJERES! ¡DISFRUTAD DE LA MENOPAUSIA!

 

BIBLIOGRAFÍA:

Un comentario en “¡Mujeres! ¡disfrutad de la menopausia!

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